Este es el fin

La muerte es un tema complejo y difícil de abordar. Siendo algo tan simple y tan natural, nosotros, en cuanto humanos, tratamos de evitarlo, de no pensar en ello, temiendo quizás tentar al destino y apresurar las cosas - nadie quiere llegar al final del camino, por su propia voluntad. Una palabra más, un gesto más, un respiro más, uno antes de expirar, citando al magistral Alex DeLarge.

Quizás llegar a pensar que todo el esfuerzo, toda la experiencia ganada, toda una vida vivida para perderlo todo, vuelva a la gente un poco intolerante, bastante aprensiva con respecto a su legado, a su huella y (sobre todo) a su condición de ser vivo. La cantidad de energía que fluye en ese acto de egoísmo que es aferrarse al existir podría, fácilmente, cargar varias bombas de un buen número de megatones de potencia. Y quizás por eso el rock toma, muchas veces, la muerte como punto de partida.

Las barajas de Tarot tienen, desde tiempos inmemoriales, la representación más fiel, a mi juicio, de la Muerte. Aquella consabida imagen de la Parca, la Calavera con oz en mano, sesgando un campo de cabezas. La Muerte, como la figura del Cambio, del Eterno Retorno que alguna vez Nietzche y Kundera plantearon. La imagen que nos dice que morir no es perderlo todo, sino una fase del ciclo del existir. Es la lluvia que cae sobre un prado seco, para volver a convertirlo en hierba buena.

Porque el rock and roll se ha nutrido no pocas veces de la energía de la vida - y ciertamente de la energía de la muerte. No pocas son las veces que cabeceamos y disfrutamos de una canción que nos habla de un muerto, de una muerte, de los deseos thanáticos, o de ciertas tendencias suicidas. “The killer awoke before dawn… he put his boots on”, rezaría años antes el magnífico Jim Morrison. Weichafe, en algo más contemporáneo, grita “hoy murió Poncho Vergara, en el anonimato del rock”. ¿Y con qué fin?

Ciertamente, es terrible comerciar con la muerte de otra persona. Pero también es terrible no decir la verdad, no gritar al cielo que esa muerte no fue en vano, que todos tenemos algo para dar. Y es el rock, el abanderado del corazón de verdad, el que tiene algo que decir: No queremos más publicidad ni vidas de plástico, queremos gente de verdad.

Y ése es el punto de discordia: la gente de mentira muere de mentira, pero acapara planas y planas de letras vertidas que son irrelevantes para el mundo, son absolutamente atingentes a nuestra vida. No me refiero, por supuesto, a la real muerte, porque ésa importa siempre, ésa siempre es relevante. Voy a las vidas y muertes que tienen los personajes que crea el Gran Hermano para entretener a la plebe, aquellos pobres títeres, hombres de plástico que merecen respeto y humanidad pero no son capaces de entregárselos ellos mismos.

Porque, para qué andamos con cosas, la muerte de esos juguetes sociales es constante. Cada día mueren cientos de figuras y nosotros no nos enteramos. Todos mueren en el anonimato del rock. Pero ¿qué nos esperará cuando la Parca toque nuestra puerta? ¿Clamaremos por un segundo más?

La Parca sesga el campo de cabezas, porque lo que extraiga lo usará en la próxima cosecha. Todo el ciclo vuelve a comenzar.

Mal que mal, al morir somos todos iguales.

MalaSangre

Los vampiros están en nuestro inconsciente colectivo desde hace años de años. Las oscuras criaturas de la noche han alimentado mitos y leyendas que, hasta hoy, aterran a la gente susceptible y débil de mente. Nadie nunca los ha visto -o ha vivido para contarlo.

Sin embargo, la imaginación de los hombres (y mujeres) sigue viendo en las sombras cosas que, a ojos de los incrédulos, no existen. Éste es el caso de MalaSangre, un naciente conjunto musical que nos lleva al interior del complejo mundo de la bestia más parecida al ser humano, el vampiro.

A mediados del año 2007, Erik y Alan (guitarra y batería) deciden hacer sus armas en el rock. Provenientes de estilos distintos, ambos aúnan esfuerzos para conseguir un objetivo común: tocar. Con ideas novedosas, y una temática oscura y tétrica, comienzan el proyecto completando la formación con Hugo en el bajo y Andrea en la voz. Sin embargo, por azares del destino, ambos abandonan MalaSangre y hacen ingreso Bea en lo vocal y Xavier en el bajo, por febrero del 2008. Sergio en las teclas, y Cristian en la guitarra líder completan el line-up de esta banda.

“Malasangre intenta entregar un concepto diferente, música poderosa, pero sin embargo tranquila y seductora” nos cuenta Bea. ”Intentamos mezclar la sensualidad vampiresca con musica pesada, es un concepto nuevo por lo que intenta representar”. Erik completa: “Queremos complementar el poder del aggro, con la temática desgarrada de los vampiros”. “Principalmente intentamos entregar un espectáculo y una música personalizada en personajes vampiros”, termina de contarnos Bea.

MalaSangre es una propuesta escenográfica y temática distinta a lo que encontramos en la escena actual. El gótico en otro nivel. Este sábado 12 de abril, se presentan en el Metalkolicos Bar (Loreto #369), junto a Maldición. Es su tocata debut, así que estaremos atentos a lo que resulte de ello.

Searching… Seek & Destroy

A través de la niebla y la locura, tratamos de entregarte el mensaje. Metal Militia.

Hoy, toda una nueva escena del rock nacional está surgiendo. Alejándose de los archiconocidos sonidos de aquel blasfemo, comercial y novedoso -en ese entonces- nü metal, toda una corriente de jóvenes guerreros, heraldos de los sonidos más duros imaginables y soportables por el oído humano, comienza a acechar las calles del gran Santiago, dejándose caer en cuanto bar, pub, discotheque y casa puedan caer. ¿Es esto producto de un largo proceso de reinstauración de la libertad de expresión, tras años de represión y bailoteo loco y sin sentido?¿Es acaso unaforma de decirle al mundo que los jóvenes no somos todos parte de alguna tribu urbana que ocupa la primera plana de Las Últimas Noticias?

No. Es el grito al silencio de la noche que todo no-muerto lanza al despertar.

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